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Lo que podemos aprender los Mexicanos de la sociedad digital más avanzada del mundo

‘La sociedad digital más avanzada del mundo’ fue el título que la revista Wired le dio en 2016 a Estonia, uno de los países que conforman la Unión Europea y en donde el acceso a internet fue declarado como derecho universal desde hace 21 años.

Y es que el entorno digital creado por este país a raíz de su separación de la Unión Soviética en 1991, ha sido idóneo para el desarrollo de empresas unicornio, startups tecnológicas valuadas en más de 1,000 millones de dólares, como Skype, Bolt y Transferwise.

Pero preparar este terreno no ha sido tarea fácil. Gran parte del éxito se debe a que, desde su independencia como nación, Estonia ha dado prioridad en sus políticas a temas como digitalización, innovación, educación y creatividad, volviendo más eficiente la relación entre los ciudadanos y el Estado y ofreciendo soluciones electrónicas para realizar actividades cotidianas como transacciones bancarias y apertura de negocios, entre muchas otras.

Sin embargo, no pasa lo mismo en todas las regiones del mundo. En algunos países de América Latina y el Caribe, por ejemplo, aún se siguen prestando servicios presenciales que cuestan al gobierno hasta 40 veces más de lo que representaría hacerlos en línea, aunado a la pérdida de tiempo y productividad de ciudadanos y empleados, y teniendo un alto impacto ambiental por el consumo de papel.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, implementar la digitalización de trámites en países como México, ayudaría a volverlos más baratos y 74% más rápidos, y reduciría, incluso, la incidencia de corrupción al momento de realizarlos.

Haciendo una comparativa, mientras que en Estonia basta con tener acceso a internet para que un ciudadano pueda votar, registrar una empresa, acceder a su historial médico o declarar impuestos en tan sólo unos minutos, en México el mismo trámite puede tomarle hasta 5 horas, de manera presencial, en 3 visitas distintas y llegando a pagar hasta 3 veces más.

Entre las soluciones que apunta el WEF ante este problema, destacan eliminar aquellos trámites que no sean necesarios, rediseñar los que valga la pena conservar manteniendo la experiencia ciudadana como eje del mismo y destinar recursos para el desarrollo de un gobierno a base de identidades digitales.

Elena Massot, presidenta de FemCAT, Fundació d’Empresaris de Catalunya, afirma que “la gran ventaja del sistema implementado en Estonia es que sitúa al ciudadano y a las empresas en el centro de todas las decisiones de la Administración de este país”.

Es un sistema basado en la transparencia y en la confianza que existe entre el Estado y sus habitantes, en donde éstos tienen control absoluto de sus datos a través de una ‘identidad digital’ que se les otorga desde su nacimiento, y a la cual no se puede acceder sin un permiso previo ya que es considerado un delito.

Visto desde la perspectiva de los negocios, esto también ha representado una gran oportunidad para los emprendedores que no radican en la Unión Europea al poder solicitar una ‘residencia digital’ que les permita operar una empresa sin tener que vivir ahí. Incluso, más de 66 mil extranjeros ya cuentan con este documento de identidad para prestar sus servicios con beneficios fiscales en territorio estonio.

Pero, ¿cómo logró Estonia llegar hasta este punto?

Después de verse inmersa en una crisis política ante su salida de la URSS, el mayor reto era construir un estado funcional desde cero, con pocos recursos, sin leyes ni infraestructuras de calidad, y en un momento en donde la burocracia era muy cara. 

Esto sirvió de inspiración para que un grupo de intelectuales, científicos e ingenieros se unieran para diseñar la nueva Administración e impulsar la digitalización. “Era una cuestión de supervivencia”, asegura Linnar Viik, economista y uno de los pioneros de este movimiento.

No sólo se trataba de adoptar nuevas tecnologías sino de cambiar la mentalidad de los ciudadanos y aprovechar la situación para crear un gobierno digital que ayudara a mejorar la calidad de vida de la gente.

Por ello, a finales de los noventas, el país báltico comenzó su proceso de modernización en una de las áreas clave, educación, a través de la alfabetización digital de sus ciudadanos, con lo que se aseguraba la conectividad y computadoras en todas las escuelas y la capacitación de los adultos en tecnologías.

Gracias a estas y otras iniciativas, hoy, el 98% de los 1.3 millones de habitantes de Estonia cuentan con una identidad digital que les permite acceder al 99% de los servicios que presta el Estado (aproximadamente 1,789 trámites oficiales) de manera online, 24 horas, los 7 días de la semana.

“Nuestros servicios se centran en los ciudadanos, son fáciles de usar y son seguros”, afirma Anett Numa, portavoz y ponente del e-Estonia Briefing Centre, en una entrevista realizada para Forbes.

Además, contrario a lo que se pudiera pensar, la digitalización no representa una amenaza para el capital humano de cualquier empresa o gobierno, sino que permite enfocar los esfuerzos de los empleados en procesos en donde las máquinas no puedan brindar mayor aporte.

Así es como nace Xpass, una startup cuya plataforma permite a empresas y gobiernos digitalizar trámites de manera ágil, eficiente, con mayor seguridad y aun menor costo.

A través de su aplicación, los usuarios pueden crear una cuenta y subir toda la documentación necesaria una única vez. Mientras que en el portal de trámites, cualquier persona, ya sea física o moral, podrá acceder a distintos servicios, evitando papeleos, procesos burocráticos interminables y mejorando la experiencia de los clientes.

De esta manera, Xpass ofrece a México la tecnología necesaria para estar a la altura de países como Estonia, el cual, a casi 30 años de lograr lo impensable y convertirse en ejemplo mundial, sigue trabajando en un ecosistema eficiente que no sólo le genera un ahorro del 2% del PIB anual en salarios y gastos, sino que le permite abrir sus oportunidades al mundo y seguir inspirando para hacer las cosas cada vez mejor.

La pregunta ahora es: si Estonia lo consiguió, ¿qué nos impide a nosotros lograrlo?.

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